Este tema es algo que me ronda la cabeza desde hace tiempo porque es algo que yo aprendí a base de jarabe de palo. Yo también había mamado de la tradición toda mi vida así que tan loca y ansiosa estaba por encontrar a mi príncipe que cuando llegaba el momento y él no aparecía cogí al primero que pasó por delante (o eso pienso a veces) y esperé de él la actuación propia que en los cuentos de hadas él le da a ella. Ni qué decir tiene que eso no ocurría y que yo me empeñaba en justificar su comportamiento bajo el a veces eterno manto de la inmadurez masculina (son como niños y a veces alguno incluso sin el como). Bueno, yo había crecido en la tradición así que hice lo propio y le di todo mi ser, le ofrecí mi amor, mi tiempo, mi todo. Le quise más que a mí misma y aquí la cagué. Pero hasta el fondo. No sólo porque un día él dio el portazo y no sólo tuve que aprender a vivir sin corazón –porque yo se lo había regalado- sino que además tuve que aprender a vivir sola. Sola de espíritu. Durante cinco años le di tanto que yo me quedé sin nada. Y entonces en lo más profundo del pozo me prometí que sólo había una salida y que era hacia arriba pero que esta vez no iba a cometer ese error. Será por errores que a veces somos tan idiotas de cometer el mismo varias veces en una sola vida. Pues éste no, puedo repetir de otros, pero os aseguro que éste no lo cometeré. No volveré a querer a
nadie por encima de todo, y lo que es más, no volveré a querer a nadie más que a mí misma. Yo no sé cuánto ni cómo pasaré mi vida junto a esa persona pero lo que tengo claro es que siempre la pasaré conmigo, mi vida sin mí no existirá así que a partir de ahora la prioridad soy yo. Es fácil decirlo, no tanto hacerlo pero con el tiempo y la práctica… A veces he hablado de esto con otras personas que me han acusado de egoísta, pero ese es otro tema para otro día ¿ser egoísta es malo siempre? Yo creo que no. Aunque esta teoría la dejo para otro post. Sólo deciros que nada es malo en exceso y que sólo cuando uno está bien puede ofrecerle algo bueno a los demás. Y es que aquí tengo que hacer un comentario feminista, lo siento por los chicos, pero lo cierto es que la mayoría de las tontas que se sacrifican por su pareja somos las mujeres. Nosotras cedemos terreno en nuestro desarrollo profesional, en nuestra tiempo y rutinas y en nuestro cuerpo porque no sólo albergamos una vida durante 9 meses a pesar de nuestra salud sino que después de pasarnos todo ese tiempo hinchadas, pesadas, cansadas, a base de mil cuidados luego tenemos toda la vida para dormir con un ojo abierto pendiente de las criaturitas y a veces con los dos ojos abiertos si a las criaturitas les da por mamar cada dos horas. Pero bueno, ya me estoy yendo por las ramas, hoy quería centrarme en el concepto de amor, pareja y uno mismo. En el tema de cómo a veces renunciamos a nosotros mismos por miedo a perder al otro, miedo a no agradarle, miedo a perder lo que tenemos, miedo a que muera el amor, miedo.
Este tema es el que más me rondó la mente mientras veía la peli de Sexo en Nueva York. Aquí van las citas:
- Miranda: “Yo dejé de ser como era por ti” ¿Cuántas veces tratas de agradar tanto al otro o no disgustarlo que acabas transformándote en otra persona? Como dice una canción de ECDL “Ya nada volverá a ser como antes, nunca dejaré que nada me cambie”. Uno debería ser siempre uno mismo, al fin y al cabo, eso es lo que enamoró al otro.
- Carrie a Charlotte: “No puedes dejar de ser tú porque tengas miedo”. Cuantos destrozos causa el miedo en nuestras vidas, si supiéramos que en cuanto le plantamos cara desaparece seríamos más valientes a diario.
- Samantha a Smith:“Voy a decir una cosa que no se debe decir nunca: Te quiero. Pero me quiero a mí más. Y llevo queriéndome y mimándome 49 años y he de trabajar en esa relación para que siga así. Tú encontrarás a una mujer estupenda que te querrá por encima de todo”. Ella misma dice que se trata de algo que “nunca se debe decir” sobretodo si no quieres ser acusada de egoísta. Pero lo cierto es que el amor es algo grande, pero no lo vale todo. No vale una vida. Al menos no la mía. Tengo la suerte de tener más cosas grandes en mi vida aparte de mi pareja. Le quiero muchísimo, pero de una forma sana para los dos. Trato de evitar que ninguno se haga responsable de la felicidad del otro.
Para terminar el post, sólo deciros que hay otros caminos, y que si Romeo y Julieta lo hubieran sabido entonces, nadie hubiera sabido nunca de ellos pero seguro que habrían vivido muy felices para siempre en el anonimato. Ojalá Romeo se hubiera presentado en casa de Julieta con el depósito lleno y le hubiera dicho:
“Ay niña no te bebas el venenoQue en esta vida hay que disfrutar”
(Vámonos, ECDL)













