martes, 9 de agosto de 2011

Depresión en vacaciones

Cada vez son más la cantidad de personas que cuando llegan las esperadas vacaciones se deprimen. A veces esta depresión dura unos días, a veces todo el verano, a veces sólo un verano y otras veces, tristemente, todos los veranos. Hay personas para las que las vacaciones son sinónimo de angustia, tristeza, ansiedad, estrés, desazón, etc. en casos extremos pueden representar un verdadero infierno. Es un mal cada vez más extendido que incluso un grupo de científicos austríacos lo ha bautizado como La depresión de la tumbona. Según señalan algunos estudios, las principales causas de la depresión son varias:

- Expectativas demasiado altas. A veces uno planifica al detalle las vacaciones de su vida y luego la realidad choca con el deseo que nos hemos formado. Lo cuál se traduce en un sentimiento de frustración, vamos que vuelves de tu maravilloso viaje desencantado, desilusionado. O también está el que quiere aprovechar un mes de verano para ponerse al día con todo lo que no ha hecho durante el resto de los once meses del año: hacer deporte, ponerse al día con las lecturas, quedar con todos sus amigos, hacer dieta, acabar con la lista de cosas pendientes acumulada durante el resto del año, hacer pequeñas reformas en casa, apuntarse a nuevos cursillos, etc.

- Soledad no deseada. Nos pasamos el año a veces a un ritmo demasiado acelerado rodeados de personas (más o menos agradables) pero rodeados al fin y al cabo en todo momento: compañeros de trabajo, familia, amigos, conocidos en el transporte público, en el gimnasio, etc. Y luego llega el verano y toda esa gente desaparece de nuestra rutina y nos sentimos solos, con sensación de abandono. A veces incluso llamamos a nuestros amigos pero coincide que la mayoría no pueden quedar contigo porque están veraneando en otro lugar, con su familia o trabajando. ¿A quién no le ha pasado estar deseando quedarse solo en casa y que se vaya tu familia de vacaciones para poder respirar de momentos de paz y tranquilidad y luego resulta que después de 2 horas de silencio sientes la casa vacía y estás deseando que vuelva el jaleo?

- No saber desconectar del trabajo. Hay personas que se pasan las vacaciones pensando en el trabajo: en cuánta faena se les acumulará, en la oportunidad de avanzar y aprovechar para adelantar faena para ir luego más desahogado, en los malos rollos que hay o ha habido en la oficina, en la de cosas que tienen que hacer cuando vuelvan, etc. O incluso aquellos adictos al trabajo que viven literalmente enganchados al portátil, que los ves que se llevan el portátil a la playa, a la mesa con el aperitivo, al sofá, al apartamento en Benidorm, que los llamas para que vengan a comer y te dicen "ya voy" pero nunca vienen. Aquellos que siempre tienen cosas que hacer que no pueden esperar. O aquellos otros que aprovechan las reuniones familiares o de amigos y no dejan de hablar de su trabajo en todo momento.

- Enfrentarse a uno mismo. A veces el ajetreado ritmo de vida que llevamos no nos permite tener tiempo para nosotros mismos. Uno siempre piensa que ojalá llegue el veranito para poder relajarse y disfrutar de la paz interior, de una buena ducha y un ratito a solas con el sonido del mar en la tumbona. Sin embargo, puede ocurrir que el deseo se cumple pero se nos trunque al darnos cuenta que cuando estamos a solas con nosotros mismos es cuando nos ponemos a pensar. Esto puede no ser tan malo pero a veces uno lleva acumulados muchos asuntos pendientes y de repente surgen todos de golpe y empiezas a darle vueltas a todo tipo de cuestiones que tenías aparcadas desde las más banales a las más existencialistas. A veces uno se ve inmerso en medio de sus vacaciones rodeado de mojitos, bikinis y tumbonas en una verdadera crisis existencial. Cosa que, en mi opinión, es muy necesaria y fructífera al final porque te permite cambiar todo aquello que no te hacía feliz para poder ser más feliz cada día. Aunque admito que el proceso se le puede hacer a uno eterno y mientras estás en él te encuentras tan perdido y agobiado que se te puede hacer un verdadero infierno.

Éstas y algunas otras son las principales causas de la depresión en vacaciones (principalmente en verano), según la mayoría de estudios que se han realizado hasta el momento. Sin embargo, me gustaría añadir un par de causas más que considero importantes:

- Las horas de luz. Está demostrado que los efectos de la luz solar son ampliamente beneficiosos no sólo para la salud física del ser humano sino también para la salud emocional. El sol no sólo nos carga las pilas sino que nos genera energía y positividad. A la vista está la alegría que reina en los países cálidos Méjico, Puerto Rico, República Dominica, Cuba, etc y la tristeza y la frialdad que suelen caracterizar a las personas habitantes de zonas más opacas como El Reino Unido, Noruega, Suecia, Finlandia, etc. Y si no, un ejemplo más cercano y verídico: este mes de julio en Cataluña lo estamos viviendo como un mes de otoño realmente bochornoso. Hace calor, de esa pegajosa y asquerosa que te hace sudar por lo que sabes que es verano pero el cielo ha estado cubierto de nubes o plenamente encapotado (incluso con algunas lluvías) la mayoría de los días de julio. Y eso ha creado entre nosotros una sensación de desazón, de tristeza, de depresión y sobretodo de frustración. Y todo debido a la falta de luz que hemos tenido.

- El ambiente social que te rodea. A veces por muy alegre y en paz consigo mismo que se encuentre uno todo se puede ir a pique si a tu alrededor el ambiente es tenso o desagradable. Imaginaros lo que puede resultar la convivencia de tres personas cuando dos de ellas ni se soportan. Al final el tercero acaba absorbiendo el mal rollo que genera la nube que habita en casa y se convierte en su vez en un tercero en discordia. En vacaciones tenemos más tiempo libre y por lo tanto más tiempo para compartir con nuestros seres queridos y convivir. Es esta convivencia la que en ocasiones hace saltar chispas y genera todo tipo de discusiones y peleas que hacen que aunque uno no sea un partícipe activo en el conflicto absorba igualmente toda la energía negativa que ello conlleva.

Soy una persona positiva, de las que piensa que en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Es por ello que en mi opinión lo más apropiado para salir de la depresión es analizarse a sí mismo. Uno tiene que averiguar cuáles son las causas que le han llevado a tal situación de apatía, ansiedad o tristeza y, una vez identificadas, ponerle remedio. Hablo desde la experiencia, ya que el motivo de la publicación de este post ha sido una búsqueda exhaustiva en google sobre este tema que últimamente está consumiendo y malgastando mis vacaciones de verano.

Si has llegado a esta situación lo mejor es que pongas todo de tu parte para resolverla. Si de lo contrario eres de los afortunados que no ha sufrido La depresión de la tumbona pero quieres saber cómo evitarla los expertos recomiendan no acumular tanto estrés, temas pendientes, etc para un período exclusivo del año. Lo mejor (a parte de hacer deporte de forma regular y llevar una dieta equilibrada) es ir haciendo minivacaciones en forma de escapada o finde de ocio repartidos cada 6-8 semanas a lo largo del año. De este modo, no se concentrará todo en un único período vacacional. Como aporte, desde la experiencia, me gustaría apuntar que algo que suele funcionar es intentar que tu día a día y tus vacaciones no sean tan desequilibrados. Es decir, que intentes disfrutar también de tu rutina diaria, que saques tiempo para leerte esos libros, hacer deporte, ver a tus amigos, y todo lo que sueles reservar para el verano y procures disfrutarlo también a lo largo del año. De este modo no habrá tanta diferencia entre un ritmo de vida u otro, sólo cambiará el paisaje (playa x oficina) y la actividad (tomar el sol x trabajar). Ahí queda mi consejo personal: disfrutar de ratos de ocio de forma diaria o semanal.

Si os interesa el tema, aquí teneís el enlace a dos artículos de los que me han parecido más interesantes en la red. El primero habla sobre el exceso de tiempo dedicado a pensar que empleamos en vacaciones. Y el segundo comenta de forma general las causas y los estudios realizados referentes al tema.

¿Y vosotros? ¿Os ha afectado alguna vez La depresión de la tumbona? ¿Cambia mucho vuestra vida en verano? ¿Os sentís más tristes o más alegres en vacaciones?

6 comentarios:

Rebeca dijo...

Qué buen post. Lo cierto es que yo llevo una semana de vacaciones y estoy entre la ansiedad de enfrentarme a mí misma y culminar la lista de cosas pendientes, es como si por el hecho de no aprovechar cada segundo me perdiera algo y entonces me siento fatal, pero bueno, soy de las que procura repartir el ocio a lo largo del año y disfruta momentos muy buenos que me recuerdan que soy muy feliz y que no tengo porqué sentirme mal por una cosa rara que llaman "síndrome de la tumbona". Cada día pienso que somos más complicados.

Mari Loli dijo...

Me pasa todos los veranos...pero al leer esto,ya no pienso que me pase a mí sola....así que gracias x el post!

Britanny dijo...

Me alegro de haberte sido de ayuda Mari Loli, ahora que ya sabes las causas quizá te sea más fácil encontrar soluciones. Feliz verano ;)

Amparo dijo...

Vaya... Mi frustración era doble pq además de entrar en depresión en verano a la vez me frustraba pq me ocurría y me sentía la única estúpida del mundo!
Me ha hecho sentir mejor ver que no soy tan rara y horrible... Ahora he de encontrar la solución.

Gracias.

Leticia dijo...

Me esta pasando y es horrible
Demasiado tiempo para PENSAR!!!!

grecia carolina calles martínez dijo...

Yo estoy en vacaciones de la universidad. Como no tengo nada de dinero para salir o hacer algo solo paso el dia haciendo limpieza, viendo tv y en el computador, y cuidando a la fuerza a mi sobrino. Me la paso pensando en como conseguir trabajo o dinero y nunca nada me ha funciinado. Ni si quiera se si terminare mi carrera por falta de dinero. Es horrible