Bueno, que se me va, volviendo al tema. El otro día volví a caer en la cuenta leyendo un post de Urkatu. Me hizo recordar que siempre me pasa lo mismo, siempre meto la pata de la misma manera y siempre llego a la misma conclusión:

Paranoias y pensamientos de una neurótica común
Bueno, que se me va, volviendo al tema. El otro día volví a caer en la cuenta leyendo un post de Urkatu. Me hizo recordar que siempre me pasa lo mismo, siempre meto la pata de la misma manera y siempre llego a la misma conclusión:
1. El tío está cañón. Alto, proporcionado, fibrado, con un culazo divino, mejor no sigo... Porque si el tío no estuviera bueno aunque los otros puntos se cumplieran no hay nada que hacer. Para que te ponga alguien tiene que resultarte atractivo visualmente.
2. Tiene un estilazo vistiendo que mmmmm está claro que la percha por sí sola vale mucho, pero no está igual de bueno este chico en chándal que con sus pantaloncitos, su cinturón, su camisita bien planchadita y esa americana que tan bien le sienta. Yo soy un cero a la izquierda a la hora de hablar de moda y marcas y cosas de esas pero las que entendéis qué diríais, un estilo Massimo Dutti?
3. La barbita de tres días que le da ese toque de tío salvaje y peligroso pero con sentido de la higiene.
4. El pelo corto siempre. No conocía a este actor antes pero he visto algunas imágenes donde sale con unas greñas que no parece ni él. A mí personalmente siempre me gustan los chicos con el pelo corto corto pero a este chico en concreto le favorece muchísimo para mi gusto.
5. Una vez repasada la lista de: tío cañón, bien vestido, con barbita de peligroso, y el pelo cortito nos queda su galantería. El tío es malo-malo (un asesino, incluso) pero es un hombre de negocios educado, habla bien, con todas sus letras, se le ve organizado, planificador, se toma sus momentos para pensar bien las cosas, no actúa tanto por instinto como de forma racional, tiene sus propias normas y las cumple, disciplinado, etc. Es un anfitrión detallista que se preocupa de que su invitado (aunque sea otro asesino narcotraficante) lo encuentre todo a su gusto. Suele tratar a las mujeres con respeto, al menos a mi me parece que siempre las ha mirado todas a los ojos- no como sus hombres a los que se le iban los ojos para más de un sitio con las niñas. Él no, él es un caballero (si no tiene que cargarse a alguna, que no se me ha olvidado el primer capítulo no!).
6. Es un tío serio y frío pero cuando sonríe se derriten hasta los cubitos del whisky. No me negaréis que tiene una sonrisa preciosa. Que eso también es importante: a pesar de haber recibido hostias hasta en el carné de identidad durante toda su vida el chico tiene todos los dientes, bien puestecitos y con un color blanco-normal (y mira que fuma el colega!).
8. Su chica es su chica y es intocable. Y así se lo deja de clarito a todos los demás. Pero no sólo a los hombres, también a las mujeres. Es un hombre enamorado y fiel. Y eso normalmente a las mujeres nos suele poner bastante. Que un tio esté tan bueno y tenga tantas opciones pero que ni las tenga en cuenta porque solo tiene ojitos para su enamorada nos derrite. Solemos entender la fidelidad como un símbolo de confianza y de amor verdadero y no un encaprichamiento pasajero.
9. Perspectivas. Es un tío con planes de futuro. Tiene sueños, metas, esperanzas. Sueña con una vida alejada de todo lo que es ahora. Una vida tranquila, legal, con un hogar lleno de amor y de hijos. Esto a las mujeres normalmente nos encanta. Un tío con planes. No se trata de alguien que va por la vida caminando sin rumbo. Él tiene unos planes y tratará de alcanzarlos. Es un síntoma de madurez y compromiso. Nos suele suscitar un sentimiento de confianza en esa persona. Además tiene en mente una futura estabilidad, cosa que la mayoría deseamos.
10. Por último, en mi opinión, otra cosa que le hace irresistible es su lealtad. Es un tío auténtico, justo, tiene unas normas que sigue y el que las quebranta recibe su castigo. Valora muchísimo la verdadera amistad y se la juega por sus amigos de verdad. Es un hombre leal, fiel y en el que se puede confiar.
Esas son las características que para mí hacen que El Duque sea irresistible y que a menudo caigamos rendidas a sus encantos y soñemos con tener una aventura con él (dormidas o despiertas) olvidando por completo su profesión de narcotraficante y asesino despiadado. Porque... si nos lo tomamos con humor, ¿quién es perfecto?
Si consigues hacer reír a alguien, está más predispuesto a escucharte y ver qué le puedes aportar.
Me encantan las citas, esas frases curiosas que logran que algo en ti haga click. A veces das justo con la que necesitabas oír. Es por ello que un día se me ocurrió llenar un espacio de mi cuarto de algunas de mis citas favoritas. Primero pensé en poner un rinconcito en la pared, pero luego pensé que no era buena idea porque no suelo pararme a leer la pared... así que se me ocurrió forrar el interior de una puerta de armario con ellas. Este fue el resultado:
EL REY CICLOTÍMICO
Cuando comencé a hablar, me di cuenta de mi aceleramiento. Estaba eufórico. A medida que le contaba a Jorge, me daba cuenta de cuántas cosas había hecho durante la semana. Como otras veces, me sentía un Supermán triunfal, un enamorado de la vida. Le contaba al gordo mis planes para los próximos días. Tenía tanta fuerza, tanta energía...
El gordo se sonrió alegre y acompañante. Como siempre, me pareció que ese tipo me acompañaba en mis estados de ánimo, cualesquiera que fueran. Compartir esta alegría con Jorge era una razón más para estar alegre. Todo me salía bien. Seguí planeando cosas. No me alcanzarían dos vidas para hacer lo que estaba dispuesto a empezar. —¿Te cuento un cuento? –dijo. Con esfuerzo, reconozco, me callé.
Había una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era un buen rey. Pero el monarca tenía un problema: era un rey con dos personalidades. Había días en que se levantaba exultante, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey rebajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
Sin embargo, había también otros días. Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado. Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aun más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. La idea de recibir gente en su despacho le aumentaba su dolor de cabeza. Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores...
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO. Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajéis juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso. Esa noche el rey lloró.
A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia. Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio. Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero. El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo... Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta: Debes saber que ESTO también pasará.
Déjame que te cuente,
Jorge Bucay