miércoles, 25 de junio de 2008

Sopa ¿amarilla?

Es curioso lo que hace la educación y las costumbres de cada uno. Hay cosas que para ti son absolutamente normales porque las has vivido así desde pequeño en tu núcleo familiar y cuando visitas otros núcleos te sorprende la normalidad ajena (por llamarlo de alguna manera). Por ejemplo, en mi casa –no me preguntéis por qué- siempre que se hace sopa se le echa un poco de colorante anaranjado que la deja completamente amarilla. Yo he tomado sopa amarilla desde que tengo uso de razón. Pues bien, ahí estaba yo tan feliz en mi ignorancia hasta que un día invité a comer a una amiga y cuando vió la sopa amarilla… ¡pensó que le había servido sopa radiactiva!. La pobre se quedó de piedra y empezó a hacerme un montón de preguntas mientras yo terminaba de servir la mesa hasta que por fin me explicó que la sopa de toda la vida era blanca. Y yo empeñada en que la confundida era ella, y que la sopa desde siempre se sirve amarilla, con colorante al igual que la paella. Incluso me escudé en ese ejemplo y le pedí explicaciones sobre si alguna vez había visto una paella blanca. Al final, nos echamos a reír y decidí preguntarle a mi madre el motivo por el cuál en casa se tomaba la sopa amarilla. Pero me quedé con la curiosidad, porque mi madre lo había heredado de la suya y nunca le había llamado la atención lo suficiente como para preguntarlo. Sin embargo, me contó una anécdota de cuando yo era pequeña: resulta que nos fuímos de vacaciones con otro matrimonio amigo y alquilaron un apartamento, con lo cuál se compraron las cosas justas y necesarias para consumir aquellos pocos días de vacaciones y por supuesto no compraron colorante. Según me contó mi madre armé todo un follón cuando me sirvieron con toda naturalidad del mundo un plato de sopa blanca e incluso llegué a decirles que la sopa estaba mala. La verdad es que yo no recuerdo muy bien aquella anécdota, pero en vistas de mi cabezonería y lo contestona que siempre he sido… me lo creo. A partir de entonces siempre que invito a alguien a tomar sopa en casa, le pregunto si la sopa la quiere amarilla o blanca.

Todo este tema me lleva a pensar sobre las costumbres que tenemos en nuestras cosas y que difieren de las demás. Este es un tema que hemos comentado a menudo mi chico y yo, en nuestro caso encontramos numerosas diferencias que para uno son normales y para el otro son cosas de extraterrestres, ejemplo: en mi casa tenemos la costumbre de desconectar de la electricidad todos los aparatos tecnológicos antes de irnos a dormir debido a las fuertes y continuas subidas de tensión que ya nos han fastidiado más de una cosa alguna vez, también tenemos la costumbre de bajar las persianas por la noche (sobretodo la del comedor), además cuando va anocheciendo y la luz solar disminuye encendemos el fluorescente de la cocina y ya no se apaga hasta que el último se va a la cama (el motivo es que encender y apagar un fluorescente produce más gasto que dejarlo encendido todo el tiempo). Otra de nuestras costumbres es tener la nevera llena de papelitos con teléfonos, notas y sobretodo uno con la lista de la compra actual donde cada uno va apuntando lo que necesita que se compre, lo cual nos lleva a la siguiente costumbre: la nevera a tope. En casa todos tenemos horarios algo apretados, por lo tanto solemos ir al super a hacer una gran compra cuando es necesario. Como vamos a comprar una vez cada 7-10días cuando compramos yogures no traemos seis, sino doce o dieciocho porque tenemos en cuenta cuántos somos y hasta cuándo tienen que durar. Por eso cuando venimos de comprar tenemos que jugar al tetris para que todo quepa en la nevera. De igual manera cuando compramos carne la empaquetamos en paquetes individuales que luego se congelan y quedan listos para descongelar cuando sean necesario. Pues bien, en mi casa las cosas siempre han sido así y me parece lo más normal del mundo pero me doy cuenta de que lo que a mí me parece normal a otros les parece inimaginable. En casa de mi chico por ejemplo en la nevera siempre hay espacio porque tienen otras costumbres. Como mi suegra trabaja de tardes suele ir a comprar lo que va haciendo falta a diario y como va ella sola y le gusta comprar las cosas frescas pues es de las que compra seis yogures y ya no vuelve a pensar en yogures hasta la semana siguiente. Así que lo habitual en su casa es abrir la nevera y saber de qué color es el fondo. Tengo que decir que igual de desconcertado se queda él cuando abre la nevera de mi casa que cuando abro yo la de la suya. Aunque si tengo que elegir… siempre apetece más tener más donde elegir ¿no? Pero su nevera no sólo se diferencia de la mía en el interior, no, por fuera también se sabe de qué color es. Rara vez hay algún papelito colgado, tan sólo bonitos imanes y un bloc de notas que yo les regalé y que no tienen costumbre de usar. Sin embargo, lo que más me choca es la costumbre que tienen en su casa de cerrar la llave de paso del agua antes de acostarse. Es algo que a mí me parece rarísimo. Cuando le pregunté a mi chico sobre ello me comentó que casi se les inunda dos veces la casa por la noche y que desde entonces prefieren cerrar el agua. Yo discuto con él y le digo que a todos se nos ha reventado un flexo alguna vez y que no es algo habitual, pero él me insiste en que las tuberías tienen más presión por la noche y son más susceptibles de ocasionar daños de los que tocan las narices sobretodo si ocurren a las cuatro de la madruga. En fin, ahí estamos él y yo en eterno debate sobre lo absurdo que me parece a mí que cierren el agua en su casa por la noche y lo absurdo que le parece a él que desconectemos la electricidad de los aparatos tecnólogicos en la mía. ¿Y vosotros qué?¿Qué costumbres normales o anormales habéis descubierto en vuestras casas y en las de los demás?

4 comentarios:

Txabez dijo...

es algo parecido a lo ke pasa con las "manias" y las "supersticiones" de cada uno. sobre todo cuando vives en pareja y hay ke ponerse de acuerdo en muchas es cuando salen a la luz estas diferencias, ke si uno kiere mas y otro menos de algo, ke si uno hace las cosas de una manera y otro de otras. cuando uno vive en su casa normalmente las costumbres familiares son iguales y no hay problemas... pero cuando se sale del nucleo familiar y se comparte piso (con amigos o pareja o "desconocidos") empieza lo divertido.

en cambio, pienso ke esas diferencias y la manera en que nos adaptamos a las de los demas es lo ke nos hace crecer en la convivencia siempre manteniendo nuestra propia personalidad.

Dita Ciccone dijo...

yo también comía sopa amarilla... aún la hago, como invito a poca gente a comer, no pasa nada. Yo me la guiso, yo me la como, jeje
Como he compartido piso con mil y un personajes en los últimos 12 años, me he ido adaptando a todos, y siendo muy flexible. Así que a la hora de vivir en pareja, no tengo ninguna manía. Sin embargo Él sí tiene alguna cosita de mamá, como la obsesión por "hacer acopio", o sea, almacenar en trasteros y despensas muchos alimentos no perecederos. Cosa que tenía sentido en grandes familias, pero para dos...
Ni te cuento la psicosis la víspera de la huelga de transportes,cuando llamó la mujer con su pánico "acopista": "hay que hacer acopio, hacer acopio..."
qué pesadez, parece que estamos en Hard Times de Dickens, permanentemente... ppppfff

Britanny dijo...

jajaja desde luego cada uno tenemos nuestras 1001 manías, pero lo que a mí me hizo gracia hace años fue ese gran descubrimiento de que el mundo no se mueve por las mismas leyes universales que las de tu casa, cosa que hay gente que todavía necesita aprender...

mundosfantasia dijo...

Las manias estan a la orden del dia y creo que algunas de ellas ni nos damos cuenta que las tenemos...