
Para mí todo empieza la misma mañana del día 6, porque cuando se produce el intercambio de regalos también surgen algunos comentarios tipo “¡qué bonito! Sólo me falta…” o “Jolín, ahora voy a tener que comprarme….”. Y es entonces cuando me transformo sin que nadie se de cuenta en lo que ellos llaman la niña de la libreta, porque tengo una libretita donde voy tomando nota durante todo el año de todo lo que a los demás les hace ilusión, necesitan o les ha suscitado una sonrisa. Por eso me encanta ir de compras (sobretodo cuando tengo dinero!) porque siempre tengo al menos un regalo por persona seguro que sé que les va a hacer ilusión. Y es aproximadamente sobre estas fechas cuando me pongo con mis listas de regalos: una lista de las cosas para cada uno, otra lista sobre dónde comprar esas cosas para ahorrar tiempo y viajes, otra lista con los cómplices para los regalos grandes, etc. Y así ando, plagada de listas, porque como memoria no tengo pues tengo que tirar de papel y lápiz. Pero la lista que más me hace ilusión es la que cuelgo en la nevera con los nombres de todos. Es como una carta común y abierta de reyes de cada uno. Cuando éramos pequeños todos
escribíamos a los Reyes Magos pero de mayores por desilusión, falta de ganas o según dicen “madurez” se pierde esa costumbre. ¿Y entonces que pasa? Pues que alguien que se ha dejado la cabeza para averiguar qué te puede hacer ilusión no ha dado en el clavo, o te ha regalado algo que ya tenías o simplemente no se molesta en pensar y te da dinero con la excusa de que no sabe lo que te gusta. Y eso es lo peor, lo más triste, que te den dinero. Porque cuando todos nos hacemos adultos todos ganamos nuestro dinerito y nos compramos nuestros caprichitos cuando queremos y cuando nos dan dinero para colmo casi nunca nos lo gastamos en nosotros. A mí me gusta hacer regalos a los demás porque para mí es una forma de demostrarles que no sólo les quiero sino que también les conozco y me preocupo de saber lo que les gusta y les ilusiona. Cierto es que se me va la olla y al final acabo con una factura que convierte la cuesta de enero en el Everest pero… para mí es el dinero mejor gastado del año: todo queda invertido en la sonrisa de mis seres queridos. Y eso, eso no tiene precio. Mucha gente se queja de que se dejan una pasta en regalos, a veces lo que le hace ilusión al otro no cuesta tanto o te puedes poner un presupuesto y amoldarte a tus circunstancias pero yo lo que recomiendo es ir apartando un poquito cada mes para tener una hucha que rompare en navidad y no llevarse ningún disgusto con las tarjetas de crédito. Me pone de mala leche cuando alguien me dice que no se puede permitir tener un detalle con el otro o cuando me dice que no sabe que regalarle a
otro o cuando dejan las compras para última hora y no queda nada donde elegir o cuando dicen que van a regalar dinero. Me saca de mis casillas. En fin, yo lo intento pero tampoco puedo convertirlo en una dictadura así que al final acabo siendo el cerebrito de la mayoría de los regalos que unos se hacen a otros y a parte de los míos. Ahora eso sí, lo que no soporto es que para vengarse de lo latosa que me pongo se pasan los días cotilleando por lo bajito de mis supuestos regalos ¡aaarghhh! Eso si que no! Pero bueno, esto también forma parte de la tradición, como el roscón de reyes con el haba y el rey :) Si os apetece leer sobre las tradiciones de navidad os dejo esta web para que le echéis un vistazo: http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/belen.htm
¿Qué pensáis vosotros de Los Reyes o Papá Noel? ¿Cuál es vuestro día favorito del año?