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miércoles, 1 de marzo de 2017

Los que no están, ya no pueden seguir

Los últimos meses (desde septiembre) considero que no he vivido, he sobrevivido en el mundo zombi del exceso de trabajo en el que muchas personas deambulan desde hace tiempo. La suerte me ha llevado a incorporarme al mundo laboral -después de años en el paro- por triplicado. Estoy en un cole en el que me han dado todo lo que nadie quería y por triplicado, estoy haciendo el trabajo que deberían hacer 3 personas y además es un trabajo que no he hecho nunca. Para colmo un cole donde no conocen la palabra "organización" y la gestión es tan pésima que los trabajadores lo han convertido en un selva donde haces lo que sea por sobrevivir (pises a quien pises). Esto unido a mil cosas más de las importantes en las que no me quiero entretener ahora mismo pero que desembocan en 6 meses de estrés continuado y agotamiento. Esto no es vivir. 

Para mí, vivir es trabajar en cierta medida (trabajar para vivir, no vivir para trabajar) pero a un ritmo que te permita disfrutar de tu trabajo, que te haga sentir orgullosa de lo que haces, que te permita cubrir una parte de la rosquilla en forma de fracción que forma el reloj de tu día a día. Pero de todo se aprende. A estas alturas del curso he aprendido muchísimo, a base de palos pero muchísimo: ya sé sobrevivir en esa selva esquivando serpientes, sin necesidad de pisar a nadie para llegar a ningún sitio y buscando mi mejor sonrisa. Pero me estoy enrollando un montón. La cuestión es que llevo unos días muy apagada, como mucha gente cuando conocí la noticia de la muerte de Pablo Ráez. Y es que me entró un sentimiento que primero pensé que era tristeza o desidia pero ahora entiendo que es rabia. Me di cuenta ayer leyendo el artículo de Isasaweis al respecto (que por una vez estoy de acuerdo con esta mujer, que normalmente no tiene ni idea de temas de salud y le pagan por aconsejar desde la ignorancia, pero esta vez estoy totalmente de acuerdo con ella). 

¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? La mayoría de nosotros las desaprovechamos a diario de mil maneras diferentes: exceso de trabajo, preocupaciones insignificantes, enganchados a algo (tele, sustancias, compras, etc.) buscando ese sentimiento de placer perdido, desalienado. Hemos perdido la capacidad de experimentar placer con las mejores cosas de la vida, las más sencillas, las básicas que cubren nuestras necesidades vitales como beber agua cuando estás muerto de sed, descansar cuando estás agotado, comer cuando has pasado hambre, hacer deporte cuando te encuentras bien o hacer el amor con ese persona que amas. Hemos caído en las redes del márketing y los superpoderes ocultos tras él que no intentan convencernos de que encontraremos el placer si nos toca la lotería, si nos compramos un coche mejor, ropa bonita, nos vamos de vacaciones al Caribe o logramos una cita con esa persona que parece salida de una revista de moda. 

Nos pasamos la vida buscando la felicidad, porque al fin y al cabo ese es el objetivo de vivir: ser felices. Sin embargo, nos dejamos engañar como niños inocentes confundiendo la verdadera felicidad con la que tiene una etiqueta y un código de barras. 

Para mí la felicidad está en sentirse a gusto con uno mismo, en paz; esa sensación de saber quién eres y sentirte orgulloso, elegirte cada día, reconocerte en tus decisiones y tus actos. Ser feliz para mí es saber que estoy haciendo lo más saludable por mi cuerpo y mi mente sin dañar a nadie por el camino. Se resumen en apreciar los días soleados, el cansancio después de una sesión de ejercicio, el olor a naturaleza al caminar por el bosque, la música de las sonrisas de los niños, ese sabor saciente y auténtico cuando bebes agua teniendo sed, ese abrazar a tu chico y sentirte en casa estés donde estés, ese hacer algo que mejora la vida de otra persona sin que lo sepa, ... 

Para ser feliz no necesito que me toque la lotería, ni comprarme un coche último modelo, ni comprarme todos los modelitos que tan bien les quedan a las modelos del folleto de la tienda de ropa. Para ser feliz sólo necesito levantarme cada día orgullosa de quien soy, sin dolor en mi cuerpo o en mi corazón, sintiéndome afortunada de estar rodeada de personas que me quieren y a las que quiero y que estan sanas, de camino a un trabajo que adoro y hago lo mejor que puedo con los recursos que tengo y con la cabeza llena de nuevas ideas e ilusiones. Ayer, de hecho, se me pasó por la cabeza una idea genial, de las más grandes que podría llevar a cabo. Pero es tan importante para mí que quiero madurarla y decidir si de verdad estoy dispuesta a trabajar por conseguirla o es producto de la efusión del momento y se me pasará. Pero eso ya os lo contaré más adelante.

De momento hoy, estoy contenta de haberme levantado un poquito antes para disfrutar de mi placer por escribir y compartir mis ideas con el mundo gracias a este rinconcito del cyberespacio. 

Me gustaría terminar compartiendo un recuerdo íntimo que me ayuda mucho a seguir adelante cuando me faltan fuerzas:

Hace unos años fallecieron dos personas que eran prácticamente la vida para mí, mi amor por ellos no podría haber sido más grande. Y me costó mucho, muchísimo seguir adelante. Poco a poco fui trabajando el duelo en terapia y un día sentí que la herida empezaba a sanar a través de un sueño: soñé que me reunía con ellos, íbamos de excursión a algún sitio que nos hacía mucha ilusión y de repente empezaban a difuminarse (me estaba despertando), ya no seguían caminando y mi mente veía cómo se alejaban en el sueño ante mi impotencia. Justo antes de despertar, uno de ellos me dijo: "los que no están, ya no pueden seguir" y desperté. Estuve varios días dándole vueltas, encontré el sentido del mensaje: los que no están no pueden seguir viviendo, no pueden seguir experimentando, decidiendo cómo seguir, hacia dónde, yo sí puedo seguir, ellos ya no. Estan con nosotros aunque no los veamos pero sólo nosotros podemos decidir cómo continuar: tristes, parados, atormentados por situaciones sin solución (irreversibles) o podemos sacar fuerza y seguir adelante, viviendo, simplemente viviendo. Viviendo como sinónimo de DIS-FRU-TAN-DO de la vida, porque si no la disfrutamos la estamos desperdiciando y eso me parece una falta de respeto impresionante para lo que ya no están y que desearían haber tenido una milésima oportunidad de la que nosotros tenemos para agarrarse a la vida a cualquier precio. Se lo debemos a los seres queridos que hemos perdido y a esas personas que no hemos conocido en persona pero que nos han marcado de alguna manera, personas como Pablo Ráez, un luchador, un amante de la vida que se ha quedado sin oportunidades para seguir adelante.






¿Y tú? ¿Cómo vas a seguir adelante? ¿Cómo estás viviendo tu vida? ¿Qué vas a hacer para disfrutarla al máximo? ¿Después de leer esto seguirás tal cual estabas hace media hora o te planteas algún cambio que te proporcione felicidad o calidad?

miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Vivimos en un mundo deshumanizado?

Después de varios años sin trabajo (aunque no desocupada) por fin vuelvo a tener trabajo. Este año estoy trabajando como maestra de primaria. Siempre he querido esto pero no de esta manera, me explico: yo soy especialista de inglés y lo adoro pero siempre quise saber qué se sentía de tutora. Pues bien, este año lo estoy descubriendo. Me han dado plaza en un cole en el que soy tutora y especialista, hasta aquí bien ¿no? Eso pensé yo el primer día "qué bien podré combinar ambas cosas y descubrir qué me gusta más". Pues no tan bien. Resulta que como en todos los trabajo hay sitios en los que se trabaja a gusto porque hay una buena gestión y sitios donde prácticamente se trata de practicar la supervivencia día a día. Éste último es el que me ha tocado a mí este año. Para empezar me han dado todo lo que nadie quería: una tutoría de un grupo bastante complicado y la especialidad reapartida entre dos niveles que son lo peorcito del cole y el último de infantil que es donde hay que empezar a currar de verdad. Por si fuera poco es un cole "super moderno" de cara a la galería donde en junio decidieron prescindir de libros aun sin tener programaciones preparadas, así a lo loco. Y por si fuera poco la gestión del equipo directivo es de lo peorcito que he visto en todos los años que llevo dando vueltas por los coles. Resultado: todo el que trabaja allí está amargado y busca sobrevivir sea como sea sin tener en cuenta si para ello tiene que pisar al de al lado. Más vale no preguntar mucho porque la respuesta está siempre envuelta en un tono de amargura y recelo bajo las palabras "te tienes que espabilar".Así que me he visto sobrecargada de trabajo con el estrés de tal cambio de ritmo y de rutina y la ansiedad de la presión de todo el mundo a mi alrededor: mi jefa que no para de pedirme cosas y las quiere ya, mis compañeros que voy muy retrasada y que me espabile, el currazo de tener que ir creando programaciones sobre la marcha (incluso de asignaturas q no he dado en mi vida) y mi familia que trabajar 14h diarias sin fines de semana ni una puñetera tarde libre no es vida, que no trabaje tanto y que le den al cole.

Al final todo esto ha resultado en que llevo 1 mes enganchando todo virus que circula por el cole sin hacer ni un día en limpio. Voy a trabajar cada día cansada y medio mala, aguanto como puedo con una sonrisa porque los niños no tienen la culpa de la situación. Me levanto antes para adelantar trabajo, me quedo trabajando todas las tardes y los fines de semana y aun así no adelanto porque a veces ya no rindo, otras me encuentro mal y la mayoría cuando he avanzado algo me han añadido 3 cosas más a la lista. Finalmente he tenido que coger la baja. Es la segunda vez en mi vida que he necesitado coger una baja laboral (y he estado trabajando unos 12 años). Se juntó el agotamiento y el reenganche de virus y mi cuerpo ya no podía más.

Los primeros días he estado en cama con el móvil en silencio intentando desconectar (porque ahora gracias a las nuevas tecnologías tu jefa y tus compañeros pueden mandarte mails o wasaps dándote más trabajo o modificando tu programación incluso un domingo a las 23h - este cole funciona así). Días después de descansar miré el móvil y me encontré mensajes de varias compañeras preguntándome qué tal me encontraba y pensé: "no son tan malas, es que están estresadas y por eso suelen parecer estúpidas el día a día pero en el fondo tienen buen corazón y se preocupan por cómo estoy". ¡Error! Me equivoqué. Hice un grupo de wasap para contestarles y les conté un poco cómo me encontraba. Después de explicarles una parrafa, sus respuestas fueron todas del estilo "ok, que te mejores". Entonces me di cuenta de que no querían saber cómo estaba, no se estaban preocupando. Caí en la cuenta de que las cuatro personas que me preguntaron eran las que probablemente se estarían encargando de sustituirme y estarían puteadas así que querían saber hasta cuándo tenía la baja. Casualidad que no me preguntaron otras personas que sé que no les suelen dar sustituciones.

Primero me decepcioné un poco y me dio bajón. Una vez más me encontraba en un momento y un lugar rodeada de un grupo de personas en el que sentía que no encajaba. Entonces recordé algo que he trabajado en terapia estos años y me pregunté a mí misma si yo realmente quería pertenecer a ese grupo o sólo sentía que debía encajar. Me di cuenta de que era yo la que no quería encajar, no me siento afín a personas que sólo se mueven por interés no por su corazón, se mueven por el beneficio que pueden obtener y actúan en base a él sin llegar nunca a mostrar quiénes son verdaderamente. No les culpo, entiendo que es un mecanismo de autoprotección y bastante mal lo pasarían al principio para haber llegado a deshumanizarse de esa manera. Pero yo no me voy a dejar arrastrar. Yo soy una persona honesta, me muestro como soy y digo lo que pienso, no pienso lo que tengo que decir en base a quien tengo delante para conseguir cierta cosa. Veo a las personas detrás de las situaciones y cuando alguien me cuenta algo tengo la costumbre de escucharle de verdad, no de esperar mi turno de palabra para hablar yo mientras desoigo lo que dice (como suele pasar hoy en día, que sólo queremos desahogarnos y en lugar de conversar esperamos el turno de palabra). Yo soy así y me gusta como soy. Obviamente no me gusta el ambiente de trabajo que me va a rodear este año pero es lo que hay y procuraré "espabilarme" y centrarme en el trabajo al máximo para no tener que trabajar 14h diarias y poder disfrutar de mi salud y mi tiempo libre. Por lo que me relacionaré lo exclusivamente necesario con los demás y no buscaré crear vínculos afectivos de amistad porque esas personas llevan años en un ambiente en el que no te pueden ofrecer ese tipo de relación.

Pero no es sólo en mi trabajo de este año. Al final si me pongo a pensar, a ver y a escuchar a mi
alrededor me doy cuenta de que estamos rodeados de personas infelices que se han vuelto egoístas y armagadas y han perdido su lado humano, el que está conectado a los sentimientos, la empatía y el amor. No sin ir más lejos me he encontrado otro ejemplo estos días: el primer día que fui al médico me tocó una doctora de guardia de las que no levanta la vista del ordenador en ningún momento y cuando te vas no sabría decirte si eres rubia o morena (de las que te pide que le describas una herida en lugar de acercarse a examinarla ella misma). Me preguntó qué síntomas tenía y en mitad de mi primera frase tras escuchar la palabra "vómitos" me interrumpió para preguntarme mi profesión y automáticamente determinó que "vómitos + maestra = gastroenteritis (porque hay una pasa)". No escuchó nada más porque no le interesaba, probablemente su objetivo era despacharme lo más rápidamente (no ayudarme). Así que me mandó para casa con una baja de 2 días. Al día siguiente volví porque pasé la noche con fiebre alta y yo ya sabía que no era gastroenteritis (¡ni siquiera me dolía la barriga!). Tuve la suerte de que me dieran cita con mi doctor, que es de los buenos, de los que cuando entras te pregunta cómo estás y escucha tu respuesta mirándote y haciéndote preguntas observándote antes de determinar un diagnóstico y ponerlo por escrito. En seguida supo qué me pasaba y qué necesitaba. Creo que estuve como dos minutos más en la consulta que con la primera doctora. ¿Esa es la diferencia entre una buena atención y una mala? ¿2 minutos? ¿Esa es la diferencia entre una persona deshumanizada que ha perdido de vista el motivo por el que eligió su trabajo? ¿2 minutos?

Y como estos hay montones de ejemplos a diario, pero creo que las personas que tenemos profesiones en las que trabajamos con personas (médicos, bomberos, policías, maestros, etc.) deberíamos plantearnos dejar el trabajo antes de llevarlo a cabo de tal manera que en lugar de ayudar a los demás - que suele ser el motivo por el que elegimos esta profesión- les estamos haciendo daño.

Me he dado cuenta de que esto ocurre con más frecuencia en las ciudades porque en los pueblos pequeños todavía no se han corrompido tanto como en las ciudades. Vivo a 20minutos de Barcelona ciudad y esto es una jungla, todo el mundo tiene siempre una prisa tremenda, te compras un piso y ni siquiera conoces a los vecinos más allá de "el del audi o la pareja del perrito blanco", procuras conversar de cualquier cosa con alguien (un amigo en una cafetería, en la cola del súper, etc) y te das cuenta de que la otra persona no te está escuchando sólo está esperando educadamente a que termines de hablar para soltar lo suyo. A veces entiendo muy bien a mi hermana que por motivos personales decidió irse un tiempo al pueblecito de mis abuelos (en Extremadura) y tras enamorarse de su marido decició quedarse a vivir allí para siempre porque aunque no se tiene acceso a ciertas cosas que no valoramos cuando estamos al lado de una gran ciudad, ella allí encontró la humanidad que necesitaba. Cuando voy a visitarla es como viajar a otro planeta: voy por la calle y la gente a pesar de no conocerme me saluda y me sonríe, si me encuentro a alguien que me conoce me pregunta cómo estoy y noto que me escucha atentamente (¡incluso a veces me preguntan algo sobre lo que acabo de explicarles!), cuando preguntas por algo a desconocidos suelen contestar con mucha amabilidad, sales al parque o a tomarte algo y te encuentras gente que a pesar de tener sus dramas sabe ofrecerte una sonrisa, etc. Nada que ver. Y según me cuenta mi madre es como si su pueblo se hubiera detenido en el tiempo porque antes todo el mundo era así. Ella se vino a Cataluña de pequeña y aunque los catalanes tenemos otro carácter la cosa era diferente. Cuando mis padres se compraron el piso a finales de los 70 conocían a todos los vecinos (sus nombres, sus trabajos, su estado de salud, su familia, etc) porque todo el mundo se comunicaba más y se compartía la convivencia.

Hoy en día, sin embargo, parece que hemos perdido la convivencia a favor de la supervivencia. Pues yo me niego. Prefiero seguir siendo la rarita, no tener un facebook con 500 "amigos" y confiar en la bondad de las personas hasta que me demuestren lo contrario (y no viceversa). No quiero educar a mis hijos en un mundo donde reina la ley del más fuerte o del más "espabilado". Voy a esforzarme por aprender a conciliar la jungla que me rodeará los próximos meses con mi forma de ser porque no quiero dejar que me contamine, es cuestión de aguantar el chaparrón y buscarle algo bueno a la tormenta. Sin duda va a ser un año duro lleno de aprendizajes a todos los niveles. Pero prefiero cualquier año duro a un año de vacío en el que no le encuentras el sentido a levantarte por la mañana, eso para mí sí es lo peor que puedo imaginar; porque si algo he aprendido en esta vida es que hay que vivirla, arriesgarse, disfrutarla y saborear todos los momentos, hacer de todo con ella excepto sentarse a mirar cómo se te escapa entre las manos. 




Si estás leyendo esto y te apetece compartirlo cuéntame qué tal es tu entorno: ¿quedan personas unidas a los sentimientos o estás rodeado de robots eficientes? ¿sientes que cuándo alguien te pregunta cómo estás de verdad se para a escuchar tu respuesta o es pura cortesía y en realdiad sólo quiere soltarte él su rollo?

jueves, 10 de diciembre de 2015

Lo más caro del mundo: EL TIEMPO

Echo de menos escribir por aquí. Muy a menudo se me ocurren nuevas ideas sobre las que me gustaría escribir pero no suelo hacerlo porque "no tengo tiempo". Ésta es una de las mentiras más repetidas en nuestra sociedad: ¿qué significa no tener tiempo? ¿cómo puedes no tener tiempo? ¿acaso no dispones de 24h cada día como todos? Quizá el problema no está en la pregunta sino en la respuesta: no logro gestionar mi tiempo adecuadamente o no está entre mis prioridades en este momento.
Esto es algo que a veces vemos claro-cristalino y a veces no lo vemos ni metiendo la cabeza dentro. De repente llevamos una vida super ocupada y (por poner un ejemplo) nunca "tenemos tiempo" de hacer deporte, queremos, pero nos parece imposible encontrar un hueco en nuestra rutina. Repito IM-PO-SI-BLE. De repente tienes la mala suerte de que te falla el hígado y necesitas diálisis, tienes que ir todos los días 2h a diálisis. Si este fuera el caso, ¿también dirías "lo siento no tengo tiempo"? ¡No! Porque te morirías. 

Pues eso es lo que creo que me pasa a mí a veces, que estoy alelada y me olvido de que cada día nos morimos un poquito, de que cada día es una nueva oportunidad, de que se puede probar a hacer las cosas de forma diferente, si no sale bien no pasa nada, se puede deshacer o se puede probar otra forma de hacer las cosas.

¿Por qué estoy hoy tan trascendental con el tema del tiempo?

Pues ya lo explicaré en detalle en otro post porque creo que puede ayudar a mucha gente pero en resumen: tengo un problema de salud que no es una tontería. Por suerte no tengo ninguna enfermedad que ponga el reloj en la cuenta atrás en versión a toda pastilla pero sí tengo un problema autoinmune que lleva años torturándome poco a poco y me ha tenido más de 3 meses con un dolor horrible diario. 

Por suerte, ya estoy en tratamiento y mi tratamiento es un cambio radical de hábitos alimenticios y de otro tipo de hábitos de vida. ¿Te imaginas que para no tener dolor tienes que cambiar completamente la forma en la vives? Por un lado la noticia es estupenda: hay solución para que no tengas dolor. Sin embargo, la letra pequeña es horrible: cambiar tu forma de hacer las cosas en sentido radical y de golpe y porrazo (sin progresión) es... un coñazo. 

Llevo semanas quejándome porque esta nueva "dieta" (lo pongo entre comillas porque me refieron a mis nuevos hábitos alimenticios no a un plan de comida con un fin concreto y limitado) me tiene un poco amargada y aunque debería estar disfrutando de una mejoría de mi salud en realidad me está agobiando mucho.

Al final, anoche, viendo una serie en la tele caí en la cuenta de mi problema: no me amargo por la
dieta, de hecho se pueden hacer recetas que tienen una pintaza que hasta salivas... me amargo porque "me quita tiempo" y voy retrasadísima con mis estudios, así que me cabrea no poder centrarme en los estudios porque me amarga la dieta y "no tengo tiempo" para aprender nuevas recetas y al final ni estudio, ni como a gusto, ni está siendo saludable todo el estrés que me está produciendo. 

¿Y qué tiene esto que ver con el tiempo?

El tiempo es la clave. Estoy menospreciando mi tiempo sin darme cuenta. Me quejo de que "no tengo tiempo" de aprender nuevas recetas porque llevo mucho retraso en los estudios y necesito invertir ese tiempo en estudiar. ¿Por qué? Probablemente porque en mi escala de valores mis estudios están por encima de mi salud. Sí, soy así de tonta sí. Pero esto ha sido de forma inconsciente, ahora que lo he visto lo voy a arreglar. 

¿Cómo lo arreglo?

No es que vaya a dejar los estudios, estoy a un paso de acabar el grado y lo necesito para poder trabajar. Es importante para mí por muchos motivos así que no puedo dejarlos. Pero sentarme delante del ordenador con la mente en otro sitio no me sirve de nada y encima me pone de mala leche. Así que voy a encargarme de todo en un orden de importancia: en este caso, voy a invertir un par de días o el tiempo que necesite en seleccionar nuevas recetas factibles a mi nivel principiante de cocina, voy a hacer la nueva lista de la compra y salir a por los ingredientes para dejarme preparado el menú de lo que queda de semana y de la siguiente. Así, dentro de dos días (o los que necesite) me podré sentar a estudiar y me cundirá. Y lo mejor de todo: estaré cuidando mi salud que, al fin y al cabo, es lo más importante de todo y algo que damos por sentado y menospreciamos a menudo. 

Esto es lo que yo llamo "aplicar la estrategia del leñador":

Si un buen leñador tan sólo tiene 5 horas para talar un árbol,
emplea 4h en afilar el hacha.

Uno no sabe cómo de importante es disfrutar de buena salud hasta que le falta, así que mi deseo es que jamás tengáis que averiguar cómo de importante es tener buena salud!!