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sábado, 11 de octubre de 2014

Psicosupervivencia

Psicosupervivencia es el nombre de un blog que he descubierto muy recientemente y que recomiendo muchísimo. Sólo he leído un par de artículos hasta el momento pero como me gustaron mucho me suscribí a su lista de newsletter y automáticamente se me envió una Guía práctica para evitar al psicólogo.  Uff que a saco voy hoy, a ver, este blog (y la guía) están escritos por Marina Díaz, una psicóloga española NORMAL. ¿Por qué pongo normal? Porque una de las cosas que más rabia me dan de los psicólogos es que escriben (y algunos hablan) con una pedantería que te cansa. Esta chica habla como tú y como yo, y escribe tal cual piensa. Me encanta. Me estoy leyendo la guía poco a poco saboreándola y reflexionando sobre lo que dice porque dice cosas sencillas, claras y que te hacen entender muchas cosas de ti misma y del mundo. Es una guía en la que te habla de la vida y sobre que hay cosas que puedes hacer por ti mismo para tener más calidad de vida sin tener que ir a un psicólogo. ¿Se tira piedras sobre su propio tejado? No. Simplemente pone de manifiesto que hay mucha gente aprovechándose del sufrimiento de los demás y haciendo negocio y que los psicólogos están para cuando los necesita de verdad y que puede que no todo el mundo los  necesite si tiene las herramientas adecuadas para lograr una mejor calidad de vida y resolver los obstáculos que se encuentra por el camino. Es la labor de una profesional altruista y vocacional que desea un mundo de personas más felices. Quisiera contar mil cosas más para convenceros de lo que lo visitéis pero tampoco quiero desvelar nada para no romper el encanto así que lo mejor que puedo hacer es dejaros el enlace para que visitéis su blog. La guía os la manda cuando os suscribís a su newsletter es cortita (55 páginas) que se leen más rápido de lo que gustaría. 

Blog de PSICOSUPERVIVENCIA



Feliz finde!

domingo, 21 de septiembre de 2014

Salir de la zona de confort

¿Sabéis la típica peli donde la chica de pueblo decide cambiar de vida y probar suerte en la gran ciudad? Me siento un poco así últimamente. Y no me refiero al glamour, la sonrisa de oreja a oreja por la ilusión y la música chula cuando alquila el apartamento y le hace una puesta a punto. Me refiero al miedo que da salir de tu zona de confort, hacer algo que nunca has hecho y no tienes ni idea de cómo va a salir ni de cómo te las vas a apañar. 

En mi caso, llevo toda mi vida haciendo las cosas de la misma manera, sin pensar mucho puesto que el camino estaba pre-establecido con anterioridad. Muchos de nosotros hemos sido educados en un camino de obstáculos numerados: acabar el insti, ir a la universidad, casarse, tener hijos y un trabajo estable. Éste era el orden de los elementos habitual en las últimas décadas; de hecho, si alterabas el orden y tenías un hijo antes de casarte por ejemplo estaba mal visto, la sociedad te condenaba moralmente. 

Yo seguí ese camino pero me quedé en el comienzo: terminé la carrera, tenía pareja estable y ahora necesitaba un trabajo para poder casarme y tener hijos. Pero yo acabé la carrera en 2007, justo el momento en el que estalló la crisis. A día de hoy, 7 años después, la cosa no ha hecho más que empeorar y lo de conseguir trabajo por muchos estudios que tuviera e incluso experiencia era misión imposible. 

Esto me llevó a una depresión profunda. Tantos años trabajando duro, dejándome la piel y ahora no tenía nada. Yo lo había hecho todo correctamente, había seguido el camino marcado y no podía continuar porque no se estaba cumpliendo el plan pre-establecido. Me hundí, no supe que hacer y lo peor es que di cuenta de que la depresión en sí no era sólo por lo inútil que te puedes sentir sin trabajo sino porque me di cuenta de que llevaba toda mi vida dándolo todo por mi vida profesional, había dado tanto que incluso había incluido mi vida personal, todo mi yo. Así que cuando la inversión en lo profesional fracasó todo se hundió, incluida yo. No quedaba nada. Sentía que mi vida carecía de sentido y me sentía culpable, castigada, sin saber por qué. Yo lo había hecho todo correctamente y ahora no había nada al final del camino.

Una tarde se me ocurrió la idea de esforzarme un poco más: me matriculé en magisterio, lo cual aumenta enormemente mis posibilidades de trabajo a corto plazo puesto que formo parte de la bolsa de profes interinos desde hace años. Así que nada, el año pasado me matriculé de 14 asignaturas. El plan era hacer 3 años en 2 para acabar cuanto antes y poder trabajar. 

¿Resultado? A nivel académico fenomenal todo aprobado y con nota, sin embargo a nivel personal ha sido de los más desastrosos. El precio de llevar a cabo el plan pasa por privarme de vivir casi literalmente. Me he pasado el año rotando de la cama a la silla del pc y al sofá un ratito con suerte alguna noche. Apenas he salido, me he puesto mala no sé cuántas veces ni de cuántas cosas diferentes, apenas he visto a nadie (casi ni a mi novio y vivo con él), el nivel de estrés y ansiedad ha alcanzado niveles altísimos y mi autoestima se ha ido volatilizando. Cada vez me sentía peor. Es esa sensación divergente que te hace preguntarte ¿por qué mientras mejor se supone que hago las cosas peor me siento conmigo misma? Aún dejándome la piel y sacando notazas me sentía traicionada.

Hace unos días he tenido que tomar una decisión: continuar como hasta ahora dejándome la piel en lo que hago y sufriendo pero de un dolor conocido o arriesgarme a lo desconocido. Hacer algo nuevo siempre da miedo: puede ser genial pero también puede empeorarlo todo. Por eso hay muchas personas que se quejan de su situación pero no hacen nada para cambiarla, porque a pesar de estar pasándolo mal conocen la situación y se sienten dentro de su zona de confort. A veces escuchamos a personas quejándose de que no soportan determinada situación y cuando les planteas alternativas viables ves que ponen mil excusas y como que esquivan el tema. Esto es porque el miedo frente a lo desconocido es peor que el sufrimiento habitual.

Pues yo he decidido ser valiente y salir de mi zona de confort: estoy acostumbrada a ser una estudiante excelente aunque para ello tenga que prescindir de tener vida. Como he dicho antes el anterior año ha sido uno de los peores de mi vida, vamos que ha sido un año no-vivido sino sobrevivido y ahora estaba a punto de cometer el mismo error: iba a matricularme de todos los créditos que me quedan y a pasar otro año encerrada con tal de acabar la carrera y cumplir mi objetivo de hacerla en dos años para poder trabajar cuanto antes. Pero no, esta vez no, esta vez he decidido hacer algo que nunca antes me había atrevido a hacer: he desobedecido a mi Pepito Grillo y me me matriculado de la mitad. No acabaré este año, acabaré a mediados del siguiente. ¿Por qué? Pues porque elijo vivir. Elijo un año en el que no sólo pueda disfrutar de lo que estoy estudiando sino de que pueda cambiar mi vida para siempre.

Siempre he sido la chica obediente que ha seguido las normas al pie de la letra. Pero ahora voy a crear MIS PROPIAS NORMAS. Ahora voy a aprender a VIVIR. Voy a cambiar todo lo que llevo años deseando que cambie pero sin poner medios para ello: voy a reengancharme al gimnasio, voy a adelgazar haciendo ejercicio y comiendo sano (parte del precio del año pasado incluyó engordar unos 13 kgs nada menos), voy a salir de casa todos los días, voy a quedar con mis amigas para tomar algo a menudo, voy a hacer planes de salidas los fines de semana, voy a tener tiempo para mi chico, voy a volver a escribir aquí que es de mis cosas favoritas del mundo y de las que menos hago, voy a seguir estudiando inglés para mí, voy a tener tiempo para mi familia y sobre todo me voy a convertir en la persona que siempre he querido ser pero he tenido miedo de ello. 

Es una cuestión de valentía, como cuando te subes a un trampolín y cuando estás a punto de saltar te entra miedo y lo ves muy alto. Tienes dos opciones: darte la vuelta y seguir en tu zona de confort a salvo o cerrar los ojos, sonreír, confiar y saltar!! 

Se me ocurren varias frases de esas que me gustan que ilustran este pensamiento:

Si nunca haces más de lo que has hecho, nunca llegarás más de dónde has llegado.

Cuando camines por la vida verás un precipio: SALTA. No es tan grande como parece. 

Todo cambio siempre trae consigo una nueva oportunidad. 

Iniciar un nuevo camino asusta. Pero sólo después de cada paso nos damos cuenta de lo peligroso que era quedarnos en el mismo lugar.

Y uno de mis nuevos mantras favoritos: